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Los detalles y cifras de la vergonzosa historia del ejército de Chile y sus matanzas contra el pueblo.

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La Parada Militar y el nacimiento de las “Glorias del Ejército

RVF – Radio Francia

Fue en 1832 -durante la presidencia de José Joaquín Prieto- que se determinó que la “Parada Militar” -ejercicios que se realizaban desde la fundación de la Academia de Guerra posterior a la Batalla de Chacabuco- se llevara a cabo cada 18 de septiembre. Luego el Presidente Jorge Montt en 1896 mediante una orden gubernamental estableció que dicho ejercicio (Parada Militar) se realizaría en el Parque Cousiño (Parque O’higgins).
Pero fue durante el gobierno de Ramón Barros Luco, y debido a que la fecha coincidía con el cambio de mando y celebración de la “primera junta de gobierno, que se estableció en 1915 el día 19 de septiembre como el “día de las glorias del ejército”.

Historia del ejército de Chile: ¿Siempre vencedor, jamás vencido?

Los orígenes del ejército chileno se remontan a 1603 cuando el Rey de España Felipe III, por Real Cédula de enero de 1603, creó el Ejército del Reino Chile -así mismo lo reivindica en la actualidad el propio ejército-, pero no fue hasta el periodo conocido como “Patria Vieja” en donde comienza a configurarse un “ejército chileno”, tras la Primera Junta de Gobierno -que juró lealtad a España y defendió su autonomía como Reino de Chile , ante la invasión de Napoleón a España- el 18 de septiembre de 1810 -fecha desde la cual el actual Ejército de Chile reivindica y contepla su nacimiento. Dicho ejército estuvo compuesto por criollos y españoles que apoyaban la independencia y algunas unidades del viejo ejército real de Chile, inquilinos conformando algunas milicias. Pero fue en los primeros días de octubre de 1814 cuando se dio lugar la Batalla de Rancagua en donde el joven ejército tuvo una derrota estrepitosa que frustró la ilusión independentista y que dio por terminado el periodo conocido como “la patria vieja” y el restablecimiento del poder español al oeste de la gran cordillera, periodo denominado como “la reconquista”. Tras la derrota, parte de ese “ejército” huyó hasta Argentina. Fue allende los Andes donde se organizó el retorno y el cruce de los Andes. Eso hasta la batalla de Maipú que tuvo lugar el 5 de abril de 1818, con tropas chilenas y argentinas. Tras este hecho, Bernardo O´higgins es nombrado -básicamente por José de San Martín- Director Supremo, instaurándose una dictadura. Eso hasta 1823 en donde O´higgins es derrocado y desterrado.

Las guerras intestinas de la élite chilena

Desde el derrocamiento de O´higgins, en Chile se sucedieron guerras civiles y una lucha intestina entre grupos aristocráticos por el poder. Así, tras la salida de O’higgins asume el poder el general Ramón Freire, quien emprende una guerra contra el resto de los realistas afincados en Chiloé. Luego con la unión de los pelucones (conservadores), estanqueros y o’higginistas, vendrá la batalla de Ochagavía que produce la caída del régimen liberal e instaura el gobierno de José Ovalle.
En 1830 en la batalla de Lircay se produce el triunfo definitivo de los pelucones y sus aliados iniciándose así la república conservadora.

En 1831 el general vencedor José Joaquín Prieto quien gobierna el país, de la mano de Portales, en forma dictatorial se embarca en la guerra contra la Confederación Perú- Boliviana de Santa Cruz que duró desde 1836 a 1839. También la dupla Portales-Prieto crean la Guardia Cívica (financiada por la oligarquía nacional), que es la primera estructura y fundamental para la creación del estado portaliano, con un ejército centralizado y dispuesto a controlar efectivamente el territorio en contra de cualquier disidencia y rebelión. Esta Guardia Cívica será también la primera forma de leva forzosa y de servicio militar.

En 1851 después del gobierno del general Bulnes y para evitar la asunción de Manuel Montt como presidente se produce un levantamiento que es sofocado en la batalla de Loncomilla.
Entre 1864 y 1866 vendrá la guerra naval contra España y trece años más tarde la guerra del Pacífico desde 1879 hasta 1883.

Como es posible observar desde 1813 hasta 1883, las guerras, batallas y alzamientos militares fueron una constante en el estado chileno. Las luchas políticas, alianzas y características de los gobiernos no son abordadas en esta apretada síntesis histórica. Lo que se pretende sacar a luz es la inexactitud del discurso que nos dice que hemos sido siempre una nación pacífica y democrática.

Ocupación (“Pacificación”) de la Araucanía (1861 – 1883). Gobiernos de Manuel Montt, José Joaquín Pérez, Federico Errázuriz, Ánibal Pinto, Domigo Santa María.
Bajo la excusa de la aparición de Orelie Antoine I en la Araucanía, y principalmente motivado por la prensa de la elite que fue generando una opinión desvaforable en contra del pueblo-nación mapuche. De ese modo, desconociendo el Tratado de Trapihue de 1825, se decide seguir el plan propuesto por el general Cornelio Saavedra para la ocupación del territorio mapuche al sur del Bio Bio. Si bien la ocupación fue en un inicio fácil para las fuerzas chilenas, a finales de la década del 60 del siglo XIX los mapuche se rearticularon y pudieron organizar su defensa. Eso hizo que José Joaquín Pérez en mayo de 1870 declarara formalmente la guerra al pueblo mapuche, en lo que se puede llamar el periodo de “guerra ofensiva”, en donde el sabotaje a fuentes de alimentación, quema de rukas, y aislamiento de comunidades mapuche fue la estrategia llevada a cabo por el ejército chileno.
Entre acciones directas e indirectas, la población mapuche fue diezmada por el proceso de ocupación y posterior colonización, con cifras que hablan de la reducción de una población de alrededor 500 mil habitantes a 25 mil, según el historiador Ward Churchill. Asesinatos, hambre y pestes productos de la invasión y del usurpación del 95% de su territorio fueron las principales causas de una mortandad masiva que responde directamente a la invasión del Ejército de Chile a dicho territorio.
Es en esa línea que las intervenciones militares del ejército de Chile se ha caracterizado por operar en la protección y mantenimiento del orden portaliano y la defensa del Estado conformado por la élite del país. Así las intervenciones del ejército han tenido varios episodios de sangre en contra del pueblo y sus demandas sociales. Masacres y matanzas ordenadas por el Estado y que han dejado miles de victimas, particularmente pobres.
Las matanzas del Ejército de Chile contra el pueblo durante el Siglo XX
* Datos ordenados cronológicamente, basados en el trabajo del Historiador Iván Ljubetic.
Gobierno de Germán Riesco (1901 – 1906)
2 de mayo de 1903
Contra obreros portuarios de Valparaíso, por soldados del Ejército, los obreros como respuesta a la matanza, quema el periódico “El Mercurio” de la familia Edwards.
policía y “guardias blancas”. 30 muertos, 600 heridos.
Contra obreros del carbón en Coronel por efectivos del Regimiento
Chacabuco. 3 asesinados; 2 heridos.
17 de septiembre 1904
Contra pampinos en oficina salitrera Chile, en huelga. Piquete de
Húsares de la Muerte. 13 muertos y 32 heridos.
24 de octubre de 1905
Contra manifestantes en Santiago en protesta contra impuesto a carne argentina, por soldados del Ejército. 70 muertos, 300 heridos y 530 detenidos.
6 de febrero de 1906
Contra huelguistas en la Plaza Colón de Antofagasta, 10 muertos, numerosos heridos. Perpetrada por soldados del Regimiento Esmeralda, Séptimo de Línea, de Antofagasta.
Gobierno de Pedro Montt (1906 – 1910)
21 de diciembre de 1907
Contra pampinos en la Escuela Santa María de Iquique por soldados del Ejército, marinos de la Escuadra de Guerra y “guardias blancas”. Más de 2.000 muertos, muchos heridos.
Gobierno de Juan Luis Sanfuentes (1915- 1920)
1917
Contra mujeres que solidarizan con ferroviarios en “huelga del tarro”, en Antofagasta, por soldados del Ejército. Varias mujeres muertas y heridas.
30 de diciembre de 1918
Contra obreros de Punta Arenas, por la policía. 1 muerto; 30 heridos a
bala y sable.
23 de enero de 1919
Contra obreros de Puerto Natales, por militares y policía. 6 muertos Contra huelguistas en oficina salitrera Domeyko, provincia de Antofagasta, por policía. Un muerto, varios heridos.
27 de julio de 1920
Contra trabajadores de Punta Arenas: asalto e incendio de sede de Federación Obrera de Magallanes, por soldados, policias y “guardias blancas”. Alrededor de 30 asesinados en asalto y posterior terror.
Noviembre de 1920
Contra mineros del carbón en huelga en Lota por soldados. Un muerto, cuatro heridos.
Primer gobierno de Arturo Alessandri Palma (1920- 1925)
3 de febrero de 1921
contra pampinos en Oficina San Gregorio, por soldados Regimiento
Esmeralda y policía. 100 muertos, numerosos heridos.
Abril de 1921
contra mineros del carbón en Curanilahue por soldados. Varios
asesinados y heridos.
23 de noviembre 1921
contra comité de cesantes de la FOCH que marchan solidarizando con campesinos, en el Zanjón de la Aguada, por soldados. 1 muerto, varios heridos.
contra huelguistas de la Compañía Chilena de Tabaco, en Valparaíso por efectivos del Ejército. Un muerto y 60 heridos.
Febrero de 1922
contra huelguistas de Tejidos Lourdes en Santiago por policías. Un
muerto, varios heridos.
25 de mayo de 1922
contra cesantes y sus familiares al pie del monumento de Bernardo O’Higgins en la Alameda, Santiago, por efectivos del Ejército. Varios muertos y heridos
contra campesinos del fundo La Tranquilla en Petorca, por policías. Varios muertos.
4 de junio de 1925
contra pampinos en oficina salitrera de La Coruña, por efectivos del Ejército, que emplean cañones en esa oficina, luego el “palomeo” de obreros y el lanzarlos al fondo del mar. Más de 2 mil asesinados. Decenas de heridos
Gobierno de Juan Esteban Montero (1931 – 1932)
25 de diciembre 1931
Contra dirigentes y militantes comunistas en Vallenar por policías. Más
de 30 asesinados.
Segundo Gobierno de Arturo Alessandri Palma (1932 – 1938)
27 de abril de 1934
Asalto al local de la FOCH, Ubicado en Calle San Francisco 608,
Santiago, contra obreros municipales en huelga por carabineros. 5 muertos y más de 20 heridos a bala y sable.
junio – julio de 1934
Contra campesinos del Alto Bío-Bio en Ránquil, por carabineros. Más
de 100 muertos..
febrero de 1936
Contra obreros ferroviarios en huelga, por carabineros. Decenas de heridos
5 de septiembre 1938
Contra jóvenes nazis en el Seguro Obrero, en Santiago. 62 asesinados
Gobierno de Juan Antonio Ríos (1942 -1946)
11 de junio de 1942
Contra campesinos del fundo Llay-Llay, de Purranque, cerca de Osorno, por carabineros. 2 muertos y 6 heridos.
20 de febrero 1942
Contra manifestantes en Plaza Ercilla, por carabineros. 1 muerto
13 de septiembre 1942
Contra comuneros de Chape Chacay, cerca de Ovalle, por “guardias blancas”. 2 muertos y varios heridos.
7 de octubre de 1942
Contra mineros del carbón en Lota, en su local sindical, por carabineros. 3 muertos y 6 heridos.
Vicepresidencia de Alfredo Duhalde (enero-noviembre 1946)
28 de enero de 1946
Contra acto de la CTCH en Plaza Bulnes de Santiago, por carabineros.
6 asesinados, numerosos heridos.
comienzos mayo 1946
Contra mapuches de la Comunidad Ignacia Nacurray, en Palmahue,
provincia de Cautín, por carabineros. 3 muertos, varios heridos.
14 de mayo de 1946
Contra campesinos del fundo La Isla, comuna de Fresia, departamento de Puerto Varas, por carabineros, 2 muertos y 4 heridos.
Gobierno de Gabriel González Videla (1946 – 1952)
12 de junio de 1947
Contra choferes y cobradores de micro en huelga, en Bascuñán Guerrero y Alameda, Santiago, por carabineros. 4 muertos y 20 heridos.
5 de junio de 1949
Contra trabajadores en San Diego con Avenida Matta, Santiago, por
carabineros. 19 heridos a bala, algunos graves.
16-20 agosto de 1949
Contra manifestantes, obreros y estudiantes, en calles de Santiago, por carabineros y soldados del Ejército. 4 muertos y numerosos heridos a bala.
7 de noviembre de 1950
Contra manifestantes en Plaza de Armas, en Santiago, por carabineros. Varios heridos a bala.
10 de marzo de 1951
Contra obreros en huelga de la Compañía Refinería de Azúcar de Viña del Mar, por carabineros. 36 heridos a bala.
1 de julio de 1952
Contra manifestantes que repudian en las calles de la capital el Pacto
Militar, por carabineros. Un muerto, varios heridos.
Segundo Gobierno de Carlos Ibáñez del Campo (1952 – 1958)
17 de septiembre 1956
Contra obreros de la oficina salitrera Pedro de Valdivia, por carabineros. 3 asesinados; 24 heridos graves
30 de marzo de 1957
Contra manifestantes en calles de Valparaíso, por carabineros.
1 muerto, varios lesionados.
1 de abril de 1957
Contra estudiantes en calle Miraflores, en Santiago. Una estudiante
asesinada, varios heridos a bala, por carabineros
2 de abril de 1957
Contra manifestantes en calles de la capital, por efectivos del Ejército.
20 muertos; varios heridos.
Gobierno de Jorge Alessandri Rodriguez (1958 – 1964)
6 de julio de 1960
Contra obreros de Madeco que estaban en su sede sindical, por carabineros. 20 heridos a bala.
3 de noviembre 1960
Contra manifestantes de la CUT en el centro de Santiago. Dos muertos,
por carabineros.
19 de noviembre 1962
Contra pobladores de la población José María Caro por soldados de la
Aviación. 6 muertos, 30 heridos, 200 detenidos.
Gobierno de Eduardo Frei Montalva (1964 – 1970)
11 de marzo 1966
Contra obreros del mineral de cobre de El Salvador en huelga solidaria, por soldados del Ejército. 8 asesinados (2 mujeres y 6 obreros) y 60 heridos a bala.
23 de noviembre 1967
Contra manifestantes de la CUT en Santiago, en los marcos del paro nacional de la CUT contra el ahorro forzoso, por carabineros.
7 muertos, varios heridos a bala.
9 de marzo 1969
Contra pobladores en Pampa Irigoin, Puerto Montt. 11 asesinados, varios heridos.
28 de agosto 1969
Carabineros contra manifestantes en San Miguel. 1 muerto; varios heridos, 7 graves.
11 de septiembre 1969
Contra estudiantes de Copiapó, por carabineros. 1 muerto.
8 de julio 1970
Contra manifestantes en acto de la CUT, en los marcos de un paro nacional en Plaza Tropezón de Quinta Normal, Santiago. 1 muerto.
Dictadura cívico – militar encabezada por Augusto Pinochet (1973 -1990)
En este periodo se ejerció la violación sistemática de los Derechos Humanos, con miles de torturados, exiliados, detenidos y exonerados. En cifras oficiales distintos informes (como Rettig y Valech 1 y 2) han establecido más de 40 mil víctimas de violencia política y 1.193 Detenidos Desaparecidos.

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La Parada Militar es una institución que poco o nada tiene de democrática. Las charreteras y condecoraciones de los generales vestidos como para la celebración de la mayor de las hazañas, son un contrasentido en un país que luce también rutilantes necesidades postergadas casi eternamente por falta de presupuestos.
Medallas doradas, plateadas, multicolores y resplandecientes, que se supone deben recordar actos heroicos, en guerreras relumbrantes de botones y misterios desfilan con patriótico esmero. Y aunque muy pocos conocen las claves para saber a qué acto heroico retrotraen, cumplen la función de relevar los egos y las fatuidades.

Hace un tiempo se descubrió que una de esas preseas ni más ni menos recordaba, y por lo tanto homenajeaba, el 11 de septiembre de 1973, y que pasados más de cuarenta años de aquella “epopeya” aún rutilaba en los pechos de los generales, sin que las autoridades políticas se molestaran en advertirlo. Es que el tándem de políticos que dirige el país se siente de lo más cómodo entre sables y gorras. Hasta la presidenta Michelle Bachelet parece disfrutar un goce único cuando revisa tropas llevando un singular ritmo que recuerda la marcha de un militar, siendo ella civil.

Los militares generan al país un gasto desmesurado. El que se lleven el diez por ciento de las ventas del cobre es una ofensa permanente a las innumerables necesidades de un país que en los mentirosos promedios luce de lo más bien, pero que en la realidad sigue siendo uno que administra sus pobres y su pobreza con un agudo sentido de puesta en escena.

Los militares disfrutan de un sistema de salud de privilegio, de una previsión que dista mucho de ser la que ellos mismos -a cargo del Estado- impusieron al resto de los trabajadores, y de una justicia también de privilegio que les permite quedar al margen de las leyes y procedimientos comunes a todo el resto. La llamada familia militar dispone de hoteles y casinos en una extensa red que nada tiene que ver con la mentada austeridad militar.

Y por sobre todo, las Fuerzas Armadas y en particular el ejército, hace gala de una enorme capacidad para olvidar lo que ha sido su rastro trágico en la historia del país.

Desde su incursión militar de mediados del siglo diecinueve para diezmar al pueblo mapuche, lo que significó un genocidio del cual jamás se conocerá el número de víctimas, pasando por las matanzas de trabajadores en numerosas y trágicas oportunidades, hasta llegar al vergonzoso once de septiembre de 1973, el ejército no puede lucir sino bajas de connacionales en sus memorias. Un reguero de sufrimiento y muerte que suman miles de chilenos.

En el caso de la Fuerza Aérea, la más lucida de las misiones en las que han hecho blanco desde sus aviones de matar ha sido cuando bombardearon La Moneda con el claro propósito de liquidar al presidente Salvador Allende y sus compañeros. Una proeza de la que no es muy cómodo enorgullecerse.

Y a propósito de las recientes tragedias que han golpeado al norte de Chile, es razonable poner en duda el efecto reconstructor de un soldado que permanece parado sin hacer nada, mientras sobre su hombro cuelga un atemorizante fusil, en medio de voluntarios que sudan la gota gorda para retirar escombros y reconstruir lo que la naturaleza destruyó. ¿Qué intenta, sino asustar? ¿Qué se propone, sino decir aún estamos aquí?

Las autoridades de la Concertación y su extensión, la Nueva Mayoría, se sienten de lo más cómodas con la actuación de la llamada “familia militar”. Cada ministro de Defensa que ha pasado por esas oficinas al rato de asumir su cargo ya se siente miembro de una elite de intocables, y se olvida de todas sus anteriores locuciones democráticas.

Con un sistema político por los suelos por la corrupción generalizada, los partidos políticos transformados en maquinarias de elegir y reelegir eternamente a casi los mismos sujetos, debilitada a más no poder la mismísima institución de la Presidencia de la República, se abre espacio para que la ultraderecha, criminal como pocas en el mundo, despliegue sus mensajes caóticos a la “familia militar” invocando su sacrosanto patriotismo.

Así como en un Estado laico la existencia de un Tedéum ecuménico no debería tener cabida, del mismo modo en un país que luce tantas necesidades, la Parada Militar debería estar limitada a los cuarteles.

Publicado en “Punto Final”, edición Nº 837, 25 de septiembre, 2015